Taoísmo Y Alquimia Femenina

Catherine Despeux

出版时间

2003-01-01

ISBN

9788487403637

评分

★★★★★
书籍介绍
El elemento distintivo de esta obra de Catherine Despeux frente a los demás estudios sobre las corrientes taoístas es que presta una atención prioritaria a la intervención histórica de la mujer en las prácticas alquímicas taoístas. Si se recurre a las fuentes bibliográficas más antiguas es posible percibir el hecho de que el rol de la mujer posee una presencia, más o menos continua, en los diferentes espacios instaurados por la praxis taoísta. Así, la distinta relevancia otorgada a la contribución femenina en el espectro de corrientes taoístas, lo que corresponde a un determinado estatus dentro de las jerarquías monásticas, puede ser identificada de modo más concreto al revisar las estructuras organizacionales de las corrientes taoístas principales que imperan en la antigüedad china (Primera Parte. Capítulo uno: Presencia de la mujer en las diversas corrientes taoístas). De este modo, si en el caso de la vía de los Maestros Celestes la mujer poseía una consideración equivalente al hombre, en la escuela de Maoshan o secta Shangqing, centrada en la salvación personal, la práctica individual de auto-realización alquímica concernía igualmente a hombres y a mujeres. Su importancia se prolongará dentro de esta secta hasta alcanzar su apogeo en la dinastía de los Tang (s. VIII). “El taoísmo también hacía hincapié en la importancia de las relaciones sexuales, que corresponden a la unión de los alientos vitales de dentro y de fuera de uno mismo, y que permiten mantener el orden y activar constantemente la armonía en el seno del sistema de correlaciones que se producen entre el universo y el mundo interior que es el cuerpo” (p. 11). En lo que respecta a la vía de los Maestros celestes (Capítulo dos: La mujer y la Sexualidad en el Taoísmo), la mujer adquiere una relevancia indiscutible como una polaridad equilibradora dentro del universo ritual vinculado a las prácticas sexuales, denominados como “ritos de paso” (guodu) o “unión de los alientos” (heqi). El propósito fundamental de esta unión sexual codificada y reglamentada consistía en la búsqueda de la armonización entre las energías masculinas (alientos amarillos) y las energías femeninas (alientos rojos). A su vez, lejos de suponer un rito puramente excepcional o aislado, la “unión de alientos” se incorporaba de modo coherente dentro del conjunto de técnicas sobre las que se fundamentaba el arte de la alcoba (fangzhong shu), llamado a lograr la aspiración fundamental que mueve al taoísmo, esto es, la eternización de la vida humana. No parece extraño que, dada la relevancia simbólica otorgada a la complementación de las fuerzas sexuales contrarias, cada participante en el ritual alcanzase una representación de naturaleza arquetípica de repercusiones cósmicas. De hecho, mientras que al hombre se le reserva la función engendradora y creativa (sheng), a la mujer, por el contrario, se la asocia con los fenómenos de transformación y transmutación (hua). Muy diferente habría de ser la postura de la corriente Maoshan en torno a la sexualidad. Es más, la base sexual en la obra alquímica adquiere una naturaleza más ambigua, y la “unión de los alientos” termina siendo relegada como una técnica menor o exclusivamente proyectada de manera imaginaria hacia la realización divina. No hay que olvidar que la escuela Maoshan preconizaba una unión de las idealizaciones (yi), que acarreaba una simbolización visual de un coito interno o externo al cuerpo. “Si bien la unión sexual ideal se concebía como un intercambio de alientos vitales, muy pronto aparecieron desviaciones de este canon, en el sentido de que uno de los miembros de la pareja vampirizaba la energía del otro para nutrirse de ella. Esta técnica se denominó, a partir de los siglos X y XI, “recolectar durante el combate” (caizhan)”. A decir verdad, y a pesar de la llamativa presencia de la mujer como parte decisiva en ciertos rituales taoístas, C. Despeux nos recuerda que, en realidad, en el campo alquímico de la auto-realización desempeñó un papel muy discreto. Eso no quiere decir que se impidiera la elevación al estatus de divinidad, debido a sus extraordinarias conquistas, de determinadas mujeres como Xi Wangmu (la Reina Madre del Oeste. Capítulo tres: La Reina Madre del Oeste, Divinidad Femenina Suprema) o, incluso, que se dieran ciertas tradiciones hagiográficas ligadas a un culto femenino taoísta (Capítulo cuatro: Importancia de la Mujer en el Culto). En tal sentido, C. Despeux repasa con detalle el culto a Wei Huacun en el Pico del Sur, el culto a la Dama de Cáñamo (Magu) en las montañas del Oeste o el culto a la Dama Flor (Huagu). En todo caso, la actividad desplegada por la mujer dentro del universo de iniciación taoísta no queda circunscrito al de ser una mera referencia polar en la red de equilibrios y de alientos que pueblan el mundo (Segunda Parte. Capítulo uno: Alquimia Externa y Alquimia Interna). Aunque fuera en número escaso, algunas mujeres también dedicaron sus esfuerzos a perfeccionarse en las prácticas d
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